LA RAZÓN DE LA EXISTENCIA DE PRIBAS

En el año en el que PRIBAS arriba a su 56 Aniversario, es oportuno preguntarnos si estamos cumpliendo con el propósito supremo de nuestra existencia. ¿Para qué se fundó la iglesia? ¿Por qué nos reunimos en este edificio construido aquí en el Bo. Paz Barahona? ¿Para qué realizamos actividades y programas a través de distintos ministerios o departamentos? ¿Por qué diezmamos y ofrendamos para sostener la obra? ¿Para qué enviamos misioneros a otros lugares del país? Por asombroso que parezca y aunque muchos hayan participado en el trabajo de la Iglesia, durante todos estos años, probablemente, muy pocos saben ¿Para qué? o ¿Por qué? lo hacemos.

El apóstol Pablo, enuncia claramente, el propósito principal de la Iglesia, en este pasaje: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una sola voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.” Romanos 15:5-6

La Biblia está llena de afirmaciones como ésta. Nuestra razón fundamental para existir, es darle a Dios la máxima gloria. Las Sagradas Escrituras prácticamente vibran con el mandato: “¡Dad Gloria a Dios!

Vivimos una época de personalidades frágiles y de una religión acostumbrada a los lujos y las modas superficiales; tiempos en los que, el mensaje que se ofrece es que Dios ama a las personas incondicionalmente y quiere que sean todo lo que ellas quieran ser. La ambición personal, la realización personal, la gratificación personal, todo esto ha llegado a ser parte, lamentablemente, del lenguaje anti- bíblico del cristianismo evangélico.

Ante esta realidad, es fácil perder el camino y llegar a imaginar, que la meta primordial de la Iglesia es hacerse más grande, construir edificios gigantescos y cómodos para que la gente se sienta bien, llenar el culto de elementos místicos o extravagantes para ofrecer una diversidad de experiencias a la congregación, etc.

Consideremos la oración que hace el apóstol Pablo por la Iglesia, en 2 Tesalonicenses 1:11-12: “Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.”

Hermanos a medida que usted y yo glorificamos a Dios, seremos glorificados en Él y esto es altamente contagioso. Cuando uno glorifica a Dios, eso ejerce un impacto saludable sobre los demás, ellos verán el modelo y ellos querrán glorificar a Dios.

Así lo enseño el Señor Jesús, en Mateo 5:16: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

Cuando se da la gloria a Dios y la acción se realiza exclusivamente para su gloria, de algún modo, la gente puede distinguirlo, y dirigir su gratitud y su alabanza de nuevo a Dios. Es una reacción en cadena que lleva a una hermosa expresión de adoración colectiva.

Amados hermanos, pensemos en esto como ese despertador que nos hará tomar conciencia del gran privilegio que tenemos de pertenecer a PRIBAS, pero a la vez, la gran responsabilidad que esto implica. Mientras participamos del culto o servimos a Dios en un ministerio; mientras damos testimonio de nuestra fe, en el trabajo, a los vecinos o compañeros de estudio; mientras ayudamos a nuestro prójimo o construimos relaciones, nunca perdamos de vista, el contundente mandato bíblico para cada creyente y la Iglesia en general: “Hemos sido creados para adorar a Dios y proclamar su gloria.